1. AMARGURA / IRA
Ya no solo está mi corazón roto. También mi cabeza, de tanto pensar, de tanto tratar de encontrar explicaciones amables a este lío. Pero está claro que simplemente nunca pudiste decidir entre lo que tenías y lo que te faltaba. Y me hubiera sentido halagado de competir contra un conflicto existencial, si este no fuera tan trivial como el que hasta el momento manifiestas. Yo te habría seguido aún, como lo venía haciendo. Tomándote de la mano. Sin saber a donde nos dirigíamos. Sin importarme que quizá solo dábamos vueltas en una circunferencia demasiado pequeña. No te habría soltado, ni en los pasajes mas oscuros y fríos, si tu nunca hubieras arrojado mi mano, y mi espíritu de paso, al suelo, y corrido a un escondite contra miradas y escrutinios. Que ningún extraño, ni algunos conocidos, supieran jamás de nosotros, era tu filosofía sustentada en tus quimeras de libertad. Y aunque siempre me importunaron, hubiese seguido ahí, cantando y haciendo que todo bastara, de haber sido el peso mas pesado en tu balanza, en la que siempre estuve en lucha con los residuos de un error que no fue mío y los deseos reprimidos de una vida que tu decidiste perderte, aún en contra de tu propia voluntad, y mucho antes de que yo entrara al juego. Siempre estuvieron esas otras, muchas otras cosas que prefiero no recordar, porque en mis múltiples duelos contra ellas nunca hubo un ganador claro. Y aún con el sudor y la peste de posible perdedor, estaría hoy, como todos los días, afirmándote con y sin palabras mi convicción de que tu eres para mi, si no me hubieras negado tu a mi tantas veces, muchas de las que ni siquiera me enteré, y otras en la que sí y que no quise enterarte a ti del dolor, mucho menos lograr que lo entendieras, porque para eso habría tenido que clavarte un alfiler en el corazón y nunca supe hacerte ni un poco de daño. Seguiría intentando estar bien, contra antecedentes y pronósticos, contigo, pero me di cuenta de que el compromiso del que como plaga huiste no es una “sentencia a cadena perpetua”, sino la declaración de la voluntad y el esfuerzo para intentar estar mejor cada día, y que tu no quieres eso. Y sin eso, se evaporan las metas, se escapan las ilusiones. Y sin ilusión yo no quiero estar con nadie. Viendo como se muere un hada porque dices que no crees en ella. Que no crees en el amor. Que no tiene caso. Que todo se acaba. Mejor irme con esta magia moribunda que me queda a otro lugar, en el que pueda revivirla, aplaudiéndole y gritando que creo en ella, y que creo en todo lo que soy y lo que pido, porque sé que me lo merezco. Si nunca pude ser mas importante, como para motivar una decisión segura y tajante, que la duda, que la búsqueda de mil noches de alcohol y la expectativa por el saboreo indiscriminado y sin reproches de labios y caricias de extraños, entonces estoy mejor sin ti. Si di mas de lo que hubieras querido recibir, me disculpo, una vez más, por mi entusiasmo. Y si mi devoción de cada día no te convirtió en creyente, no sé qué lo hará. Pero no voy a ser yo. Así pues, no hay explicaciones amables. Mi corazón está roto. Mi cabeza, también. Abandono, finalmente, y con dolor, esta cruzada…
2. NOSTALGIA / AÑORANZA
Y nos despedimos. Y no te fuiste, pero tampoco estás. Y te extraño. Desde que el primer rayo de sol se cuela por las persianas mal acomodadas de mi ventana. Porque puedo casi ver tu espalda parcialmente cubierta por mis sábanas azul marino, como aquellas veces en que fuiste mi huésped recurrente y el espacio de mi cama y tu presencia bastaban para construir el edén en un segundo piso. Te extraño cuando entro en la regadera, porque alguna vez creamos un diluvio ahí dentro y no hacía falta nadie más en nuestra arca, porque tu y yo solos podíamos encontrarle el sentido completo al mundo. Te extraño cuando escucho hablar a mi madre de sus deberes y cotidianeidades, sobre todo, cuando se acuerda de ti y pregunta donde quedaste y pienso en lo poco, muy poco, que me faltaba para confesarle a ella lo que tu eras para mi. Te extraño cuando me miro al espejo y me veo bien o mal, porque cuando me veo bien quisiera que tu pudieras verme y cuando me veo mal siento que mi cansancio no sería tan evidente, que mis facciones no se hubieran doblegado, si estuvieras aún conmigo. Te extraño cuando canto solitario una canción, porque solo eres tu en todo el mundo a quien le he cantado canciones sin mas música que la de tu risa de ternura ante mis impericias y desafinaciones. Te extraño cuando pienso en el futuro, porque yo tenía reservado un lugar para ti en cada uno de mis logros y celebraciones, y ahora sé que solo quedará una silla vacía con tu nombre junto a la mía, clamando tu presencia. Te extraño a la hora de dormir, porque sin ti estoy descobijado y con frío y no logro conciliar el sueño; la simple idea de estar contigo me acurrucaba cada noche y en mis sueños siempre te me aparecías. Ahora hasta de ellos te fuiste, y no duermo tranquilo por buscarte entre uno y otro delirio, y nunca te encuentro. Te extraño cuando uso mis manos, porque recuerdo que una vez las usé para tocar todo tu cuerpo y acercarte lo más que alguien ha podido estar cerca de mi, hasta casi contradecir las leyes físicas: dos cuerpos si pueden ocupar el mismo lugar en el espacio. Te extraño cuando salgo a la calle porque el único camino que conozco y que quisiera recorrer es el que me lleva a tu casa y ahora está cerrado y sin esa vereda pierdo el rumbo. Te extraño cuando estoy bien, porque ya no puedo acudir a ti y desbordar el gozo en una fuente de palabras y gestos de emoción. Te extraño cuando estoy mal, porque ya no estás ahí para escucharme y abrigarme con el manto de tu consuelo. Te extraño porque solo juntos éramos capaces de convertir una vuelta común por tu colonia en un emocionante viaje a una tierra desconocida, aunque familiar. Solo contigo fui capaz de transformar un pic-nic nocturno en un parque en una cena romántica a la luz de la luna. De hacer en una larga estancia en un coche lo que se hace en una noche de hospedaje en un motel. De construir en un pequeño cuarto de hotel todo un hogar. De tornar despedidas en lunas de miel. Te extraño cuando pienso y escribo sobre cualquier cosa, tanto que siempre termino pensando y escribiendo sobre ti. Todo da vueltas estos días. Se mezcla lo dulce y lo agrio. Todo sabe y se siente distinto. Me flaquea un poco la fuerza. Es que te extraño…
3. TERNURA / ACEPTACIÓN
Y luego, comienzo a entrar en razón. Aunque mis ojos se posen en una herida abierta y punzante que sangra esperanzas sin cumplir. Aunque mi lesión se hinche por la desilusión. Aún así no puedo evitar darme cuenta. Las lágrimas que llegan accidentalmente hasta la comisura de mis labios no son todas saladas. Encuentro en ellas la dulzura de aquellos momentos. La fortaleza que le inyectabas con un solo beso a mi espíritu y que lo hacían cantar a el y a mi boca de alegría. El ímpetu que nos invadía como una ráfaga de viento al estar juntos y nos hacía sentir como niños y hasta ser capaces de comportarnos cual infantes en un campo de juegos (siempre sentí que eramos como amigos de kinder perdidos y reencontrados). El deseo de compartírtelo todo poco a poco. La música. El cine. Un pensamiento. Una vida. La temblorosa comodidad que nos provocaba la capacidad de amoldar nuestros cuerpos lentamente, el de uno al del otro. La hormigueante exaltación del corazón tuyo y el mío al tocarnos la piel, y a veces, sentir que llegábamos hasta lo que está mas allá. Mi victorioso logro: besar cada parte de tu cuerpo. El embelesamiento en los sentidos al ver tu cara frente a la mía, al visualizar tu desnudez y luego sentirla. El delirio de magnanimidad y poderío, porque cuando te abrazaba por la espalda y mirábamos ambos al frente, sentía que tu y yo, atraídos como imanes, construíamos un imperio que podía contra las fuerzas del mundo. La inocente calidez de un beso en la frente, en la mejilla. La inexorable y hermosa efervescencia de un beso en los labios y mas adentro. La eufórica convicción que engrandecía mis pulmones cada vez que te dije con palabras, miradas o susurros que te quiero. La vigorosa complicidad de nuestras frases secretas y juegos. La paz que henchía a mi espíritu en tu compañía. Si, mis lágrimas son, casi todas, dulces. Y ahora conozco su utilidad. Las verteré en mi herida, como un elixir, emanado por la fuente que, cerca de mis ojos, quizá detrás, contiene esos mil recuerdos de infinito gozo y belleza. Me recitaré, también (al fin sigo creyendo en la magia) un centenar de encantamientos curativos, que hablarán de lo mucho que te quiero. De lo mucho que tengo por dar. De las tantas razones que hay para sanar. Líneas que estimularán mi regeneración, evocando el recuerdo de lo bello que vivimos. El conocimiento de jamás haber llegado a los lugares oscuros a los que muchos se internan. Nunca haber pisado la rutina y el hartazgo, ni vivido las cosas malas que pasan. Porque aunque decidimos separarnos, no ha sido por no querer estar juntos. Ni por aburrirnos de nuestras esencias. Tus besos siempre fueron extraordinarios, nunca algo común. Y aunque llegamos a conocernos bien, siempre quise seguir explorándote y dejando que me exploraras, cada vez más profundamente. Y cuando hicimos el amor nunca hubo una vez en la que hubiera preferido hacer otra cosa que no fuera jugar al vaivén de la marea contigo. Sé que si mi corazón te eligió, no cometió error alguno. Si el final siempre duele, lo que se queda engrandece. Y tú me has hecho alguien mejor. Soy un hombre mas feliz, hasta en los momentos de mayor tristeza y vulnerabilidad. Poco a poco avanzo en mi camino hacia el aprendizaje y la plenitud. Tu me elevaste algunos escalones. Y si mis ojos ahora se posan sobre el flagelo que ejecuta una ruptura, serán estas lágrimas de gozo las que me harán sanar y retoñar. Sanaré con la misma fuerza que emite el sentimiento aún vivo y palpitante de todo lo quise darte y todo lo que te amé. Sanaré, también, con la esperanza de encontrar un amor que me colme de otros mil instantes. De esos momentos de sublime y enriquecedora perfección. De esos momentos como los que me diste tu. Y a ti es a quien dedico, humildemente, con mi más profundo amor y entendimiento, esta pequeña reverencia. Un beso en la mano. Una última mirada. Fue un placer...