m. Habitación virtual dotada de lo necesario para la debida y perdiódica evacuación cerebral y de otros desechos emocionales.

8.4.09

Insomne Soberano...

No duermo. La energía que fluye provoca espasmos que me despiertan antes de llegar al hermoso estado de inconsciencia que el sopor exige. La ideas se dispersan por la habitación silenciosa, enmudecidas. Necesitan ser liberadas. La incandecencia química de su roce, pululante, como el foco indicador de un dispositivo atómico, traspasa mis párpados, presuntamente asegurados por las promesas vacuas de una píldora de dormir. Un impúlso eléctrico recorre mi cuerpo. Luego otro. Las sábanas pesan como cadenas. La almohada se hunde en mi cabeza y empuja a las preguntas que se escurren, viscosas, por los oidos. ¿Porqué he de dormir si apenas comencé a sentirme vivo? Luego vienen las sospechas de locura, como un diabólico engéndro, arrastradas al pie de mi cama por el tic-tac del reloj acusador. ¿Qué ha pasado conmigo que no me concilio con lo que sucede antes de que la oscuridad ensombrezca y la luna alumbre? ¿Qué clase de ser posee mi mente, contiene mi espíritu? No soy del día. Las aves que cantan apenas me caen bien. La luz que escapa por la ventana me irrita. Prefiero el silencio. Prefiero el escalofrío que provoca el tropezón de algún ente perdido en un rincón desconocido, afuera. Prefiero la extraña satisfacción que produce la dudosa hazaña: ser el ultimo sobreviviente en la casa. Quizás en la cuadra. Probablemente a 1000 metros a la redonda. La dudosa señal de victoria: el aura oscurecida que rodea a mis ojos al despertar. El tatuaje de los de mi especie.  De los que ingenuamente y atentando contra nuestras propias fuerzas intentamos reducir esa condena naturalmente asignada: un tercio de vida destinado al ensueño. Fracción terrorífica (pero ¿qué otra cosa si no terroríficas puedes ser las matemáticas?). Cierto es que ir a la cama tiene algo romántico. Especialmente los prólogos y epílogos que regularmente acompañan de forma inmediata a dicho ritual (con o sin compañía). Y es verdad también que frecuentemente me regocijo al recordar las oníricas historias que mi mente tan chispeante y jocosa en su libre albedrío generó. Aún, si alguien me preguntara, habría de confesar que sería la luna, no el sol, la elegida para atestiguar mi rutina diaria. No el que desnuda cada esquina, el que revela cada secreto. Prefiero a la luna misteriosa. La que enseña poco y sugiere mas. La que ha sido preferida por los mórbidos intereses de dudosas entidades. Prefiero a la oscuridad, que me abraza como amante y dispara los latidos de mi excitado corazón, virgen hasta que ella aparece. Por eso no duermo. Porque cuando las sombras ocultan, queda viva la esperanza que la luz del día fulmina. Lo desconocido, bajo la sombra le da sentido a mi búsqueda, la alimenta. Cuando todos duermen, el mundo es mío. ¿Cómo podría preferir perderme de esto?...

10.1.09

Te veo en la noche...

En mis sueños tu estás aquí. Vives en el cuarto de al lado. A veces eres el otro dueño de mi cama. Y otras, solo vienes de visita. Porque el ensueño no se rige por leyes. El eco de mis vivencias oníricas me lo cuenta. La lógica se va a dormir  conmigo. Y así mis sueños quedan libres. Salvajes. Reales. Más que lo que sigue cuando terminan. A veces mas honestos que lo que decimos. A veces, los únicos a donde recurrir. En busca de alivio, cuando la vida está tan ocupada como para ofrecerlo. De respuestas, cuando la implacabilidad del mundo real las niega. Cuando para encontrar hay que buscar hasta donde la imaginación alcance. Cuando hay que ir a cualquier otro lugar. A ese universo paralelo. Allá donde estás tu. Porque siendo tú quien alborota mis preguntas y deseos, puedas tal vez solo tu apaciguarlos. Con esa ciega fe me he formulado un plan nocturno. Preguntarle a mis sueños sobre ti. O aún mejor, preguntarte sobre ti en mis sueños. Esta noche te traeré de nuevo. Te he de convocar con un conjuro. Y siendo el sueño un sueño mío, y yo el creador y todopoderoso, me concederé, con tu permiso, algunos deseos. Soñaré que te conozco por primera vez y no tienes que irte ya. Que vuelvo a verte y no tengo que irme yo. Que no son necesarias pausas de seis dias o seis meses entre cada encuentro. Que me brotan nuevos dedos en las manos para contar las veces que estuve contigo. Que a tu ilusión no la ha mermado la distancia. Que hay un futuro que espera sentado nuestra llegada, juntos, para comenzar a existir. Será, a mi caprichosa voluntad, un sueño largo. No cabrán ahí los límites que nos limitaron. No estará tampoco el tiempo que se nos adelantó. No habrá ya distancia para mantenerte insuficientemente cerca ni mandarme contundentemente lejos. Estarás solo tu. Para contestar mis preguntas y me cuentes uno que otro cuento. Como los ires y venires de aquella vida pasada que no recuerdo y en la que mis sospechas especulan que estuviste también tu. Y que así justifiques la familiaridad que me provocas, la apacibilidad que me regalas, la emoción que despiertas. Apuntarás con el dedo el camino del que vino sin avisos esta versión edulcorada de mí y me suplantó sin tregua. Explicarás qué estrategia usaste para  burlar mis defensas y colarte sin mi permiso en mis prioridades . Mostrarás las credenciales que corroboren legitimidad para ejercer influencia en mis decisiones. Dibujarás en un diagrama el agujero insospechado que tenían mis planes, al lado mi corazón hinchado y el tuyo. Y si tu falta de gusto por palabras y explicaciones predomina, no expliques nada. Y aunque no me ayudes a desenredar esta maraña, aún así te llamaré. Y aparecerás al pie de esta cama. Y cual aparición fantasmal me dirás, como antes, que todo estará bien. Y me convencerás, como lo hiciste siempre. Vendrás como testigo al juzgado, vestido en pijamas, de acuerdo al protocolo. Jurarás decir verdad bajo protesta, con una mano alzada al frente y una puesta sobre este sagrado colchón. Y con las sábanas y mi vista cubriéndote completo, testificarás haber vivido lo que yo. Manifestarás haber sentido también esto. El poco tiempo que parece haber sido tanto más. Los sentidos entorpecidos. Los sentimientos vibrantes. El corazón palpitante. Los pirotécnicos chispazos que inauguran un romance. Contrarrestarás acusaciones de mi supuesta locura. Y así quedaré absuelto. Pero si no estás de humor para procesos penales, no testifiques. Solo ven. Ven con tus pijamas que no conozco aún. Con tus ojos que iluminan. Con tu cara que tan bien memoricé con mis dedos y tu voz calmada y los suspiros que te tomas mientras hablas. Solo ven y yace un momento junto amí. Duerme conmigo en mi sueño. Y mañana, quizás, despertaré sabiendo lo que quiero entender. O tal vez solo despierte como cada día. Aún lejos. Aún confundido. Aún extrañándote. Queriéndote más…

18.9.08

hombrearaña...

Los lazos invisibles que sujeta mi corazón a veces duelen. El clima caprichoso, a veces benévolo, a veces duro, los mantiene estáticos, los estira, los afloja a su voluntad, aleatoria, hiperactiva o serena. Los lazos invisibles que sujeta mi corazón se extienden unos metros, otros kilómetros, los menos a universos desconocidos, allá lejos, donde la distancia es tan vasta que no permite llamadas, pero tampoco evita, jamás, el contacto, que ya no ocupa palabras, ya no requiere de miradas, ya exentó a los sentidos.

Todos duermen. Yo sigo jugueteando con las nubes y remolinos que agitan la conciencia. Intento reconfortar con susurros de paz  a mi corazón, lleno de cordones vibrando, revoloteando, cuyos diversos colores no se ven, pero cuyo brillo alumbra, da calor. Con mi respiración calmada busco apaciguar este nido de nudos.  Darle paz, por esta noche, a esos lazos, cuyas dispares longitudes no se adivinan, pero parecieran acortarse ante las eléctricas descargas del recuerdo; ese manojo innumerable de fragmentos que se reproducen e invocan a voluntad. Eso que somos, con cada complicidad y desazón. Con cada dicha y cada dolor. Con cada cosa que guardamos, olvidamos y también las que quisiéramos, infructuosamente, dejar ir.

Hoy transmitiré corrientes de gratitud. Usaré estos cables etéreos para enviar el mensaje que a veces no logro hacer evidente. Haré cimbrar con emociones lo que nos sujeta. Daré con un pequeño zumbido lo que a cada uno corresponde. Si, aunque cada uno ahora duerma. A los padres, generosos, estoicos, leales, que conjuraron su magia para darme la vida y sacrificios para darme una conciencia; el amor. A los hermanos, solidarios, cuya compañía me enseñó a existir y compartir; el amor. A los amigos, con quienes juego el juego de crecer y vivir; el amor. A los amores, nuevos, viejos, que me dieron y enseñaron lo que quiero y lo que no; el amor. A los extraños, con los que mi corazón no está unido aún; el amor...

Hoy quiero celebrar nuestros vínculos. Llorarles, porque a veces para honrar solo nos sirven las lágrimas.  Hoy quiero sentir cada lazo, cada nudo que carga, gozoso y adolorido, mi corazón. Quiero saborear la distancia que me une a cada uno y pensar, aunque acongoje, que cada lazo se hará mas corto a veces e irremediablemente mas largo aún. Porque los dias transcurren. Porque la gente crece. La vida cambia. La muerte pasa. Hoy quiero, tocando con mis dedos esta arpa infinita de agridulces sonidos, sentir cada fibra y agradecer con cada respiro nuestra unión. Quiero admirar por un instante, y porque a veces se olvida, este intrincado balance.  Estirar la mano  y sentir, solo un momento, la hermosa telaraña que es el mundo…

22.6.08

Perdón Pendiente...

Te perdono. Pero solo te perdono si prometes nunca mas permitirme invertir mas tiempo en ti. Porque el tiempo es prestado. Porque se acaba. Y porque ya te destiné mas del debido y no me gustan las deudas. Porque para borrar ese largo garabato, el que representa mi nombre y el tuyo en el inventario de adeudos por desperdicio, hoy tendría que plantar un arbol cada día. Tendría que cuidar a un enfermo distinto. Cantarle a un anciano. Escribir un poema y predicar en los caminos sobre la vida y el perdón. El perdón que solo alcanzaré si prometes lo que pido. Si te vas y no apareces nunca. O si apareces cuando quieras, pero sin ser lo que has sido. Si las palabras que hablas son tuyas. Si esas frases fueron construidas no por tus ideas preconcebidas y equivocadas sobre lo que deberias ser, sino por quien en realidad eres, aunque aún no lo sepas. Y hasta que no lo sepas, no me hables. Y no me mires si no puedes tolerar siquiera un ápice de desdén. Porque es solo un ápice y no mas desdén el que puedo profesar. No hay mas. Ni para ti, ni para nadie que también lo merezca. Y si no puedes tolerar ni esa pequeña escala de desprecio, ese nimio atisbo de indignación, mejor no me mires y ni siquiera te acerques. Y tampoco te acerques si vas a reaccionar a la menor flaqueza con miedo. Si vas a anticiparte a la catástrofe provocando una mayor. Si vas a seguir victimizandote y victimizando a tu compañía con la patética maniobra al volante del ego. Si vas a seguir vistiendo tus fracasos y errores con el velo de un prefabricado encanto. Si vas a continuar siguiendo como única política la extraña voluntad de la complacencia. Si vas a seguir siendo quien fuiste hazme un favor y dibuja un margen de distancia. Regalame un espacio largo y seguro. Un  terreno franco que te ayude a cumplir tu promesa. Porque cumplir tu promesa me hará cumplir mi perdón. Y no es que perdonarte sea preponderante. Tu perdón no me sería importante, pero es el único renglón que me queda pendiente en mi casi agotada lista de recuperación...

18.4.08

A Reminder...

Este es solo un recordatorio. Una pequeña llamada de atención. Un manifiesto. De la voluntad de ser un verdadero ciudadano del mundo. Del deseo de ser alguien responsable. De la verguenza que ha provocado este pequeño instante de aceptación. Porque el letargo no puede provocar otra cosa mas que verguenza. Basta ya de autocomplacencias. Basta de sometimientos irreflexivos. Estoy harto de ser una marioneta que obedece ya ni siquiera a mis propios, arbirtrarios y egocéntricos caprichos, sino a los de quien sabe que rey sentado en algún sucio y elevado trono. Estoy cansado de seguirle el juego a la civilización. Si la historia algo nos ha enseñado es que la civilidad no es el ideal mas alto, no es el fin mas noble. Que la gente normal no persigue el verdadero bienestar. Que si antes tenian al coliseo ahora tenemos el cable y a Britney Spears y a su vagina operada y a sus hijos desgraciados que no necesitan ser devorados por los leones porque nosotros estamos realizando ese trabajo de manera aún mas voraz y efectiva. Eso ya lo sabemos. Que lo que la tele nos muestra no denota ninguna evolución de nuestra parte. Que lo que el radio transmite no da señales de esa teórica superioridad de nuestra especie. Que no vamos hacia adelante. Eso lo sabemos. Y aún así seguimos renunciando a un vida con tal de pertenecer al club mas influyente. Sabemos que el mundo compadece, y aún seguimos aspirando a tener el auto mas grande en tamaño y lujo y gasto y efectos devastadores. Nos reimos de la farsa del espectáculo, sintiéndonos por encima de el, y aún queremos unos músculos definidos y una nariz respingada y un cuerpo diminuto cuya mente seguirá habitando el mismo y lamentable lugar en el tiempo y el espacio. Un bulto y la nulidad. Y nos emborrachamos cada viernes y asistimos al antro concurrido. Y dejamos que todo siga igual cuando llega el lunes. Y el miércoles, y luego el viernes, el viernes del estúpido antro. No sé qué es lo que nos pasa. No sé que es lo que ME pasa. No entiendo qué juego jugamos. Solo sé que ya no quiero formar parte de el. No quiero tener un buen cuerpo. No quiero ser siempre elocuente. No quiero ser siempre simpático. No quiero gustarle a todos. No quiero gustarle a NADIE. No quiero ser el mas habil, porque sé bajo qué principios se juzga la habilidad en estos tiempos. No quiero ser popular, porque sé que renuncias exige la popularidad en estas tierras. No quiero ningún éxito porque prefiero conservar mis principios, mis preciados y frágiles principios. Y quiero ser percibido como un mediocre, si mi mediocridad nace de mi renuencia a seguir formando parte de este lío. No quiero ser el gerente segundón de una maquila. No quiero ser el subordinado preferido de ningún imperialista. No quiero saber nada que todos sepan. Prefiero ser algo que nadie puede descifrar. Prefiero ser yo. Ser yo torpe, ser yo panzón, ser yo con mi mal cutis y mi falta de importancia, y la falta del intento siquiera de alcanzarla. No quiero ser quien dice la última palabra ni quien grita mas fuerte. Prefiero ser yo sin dinero y con inocencia. Prefiero ser yo sin carro pero con libertad. Prefiero ser yo, el de la voz baja y los ideales fuertes. Y quisiera ser yo, el ciudadano responsable del mundo. El que no soy. El que aporte algo aunque sea silenciosamente, o por lo menos, el que no prejudique mas. Eso es todo. Solo un recordatorio...

4.12.06

Instantánea...

No es que haya algo más que agregar. Cada instante habla por si mismo y este instante habla de algo de lo que simplemente no se puede solo hablar, pero aquí estoy, intentándolo. No hay palabras que puedan agregarse ni acepciones que se deban aclarar. No es que pretenda indagar en el fresco recuerdo del recién sucedido mágico momento, tratando de encontrar enigmas o preguntas sin respuesta, como suelo hacer. Es solo que necesito tomarle una instantánea a la felicidad. Dibujar con letras lo imposible. Una sonrisa inmensa. Una ilusión. Las lágrimas que nacen de la alegría, un avistamiento extraño del que hoy fuiste testigo. La masa gigantesca de júbilo que emana de mí cuando te digo que te amo. Cuando mi ser experimenta con sus sentidos cada cosa tuya que te hace ser tu. Necesito dejar un legado de esta emoción. Recordarme siempre que el amor existe, porque es esto que vive y palpita y que crece como un hijo en gestación, pero no solo en el vientre, sino en cada parte. Cada parte que has tocado. Este remedio que me inyectas sin siquiera estar cerca, que se vuelve un estado alterado de colores y sensaciones cuando te me acercas y una hermosa apoteosis cuando me tocas, cuando te escucho, y de solo escucharte mi corazón canta y sigue el son de tus palabras. Debo dejar una pequeña constancia, antes de que termine este día con un sueño (en el que seguramente estarás tú) de la emoción que transpira cada poro de mi cuerpo. De la adrenalina que se dispersa por mis venas cuando pienso en ti. En nuestro pequeño pacto, que sellamos hoy con tantos besos. El reto, que de todos, más me emociona tomar. Hacerte feliz. Nunca abandonar este campo de juegos al que solo existe para vernos jugar a los dos. Dar vuelo a tu columpio con la fuerza y el impulso necesario para que llegues cada vez mas alto. Resbalar juntos. Caer de pie. Y seguir. Porque sé que tu y yo somos dos piezas que ensambladas no necesitan ni el impulso de un suspiro para echar a andar. Porque sé que nuestras esencias juntas producen un brebaje etéreo que invoca magia y hace sueños realidad. Y yo te concederé muchos de ellos porque hoy tu me concediste el mas grande a mí. Tomar tu mano. Ver los fuegos artificiales esparcirse en el cielo. Esperar que todo lo maravilloso que sigue suceda. Y saber que esta vez no estoy soñando…

11.10.06

Despedida en tres compases...

1. AMARGURA / IRA

Ya no solo está mi corazón roto. También mi cabeza, de tanto pensar, de tanto tratar de encontrar explicaciones amables a este lío. Pero está claro que simplemente nunca pudiste decidir entre lo que tenías y lo que te faltaba. Y me hubiera sentido halagado de competir contra un conflicto existencial, si este no fuera tan trivial como el que hasta el momento manifiestas. Yo te habría seguido aún, como lo venía haciendo. Tomándote de la mano. Sin saber a donde nos dirigíamos. Sin importarme que quizá solo dábamos vueltas en una circunferencia demasiado pequeña. No te habría soltado, ni en los pasajes mas oscuros y fríos, si tu nunca hubieras arrojado mi mano, y mi espíritu de paso, al suelo, y corrido a un escondite contra miradas y escrutinios. Que ningún extraño, ni algunos conocidos, supieran jamás de nosotros, era tu filosofía sustentada en tus quimeras de libertad. Y aunque siempre me importunaron, hubiese seguido ahí, cantando y haciendo que todo bastara, de haber sido el peso mas pesado en tu balanza, en la que siempre estuve en lucha con los residuos de un error que no fue mío y los deseos reprimidos de una vida que tu decidiste perderte, aún en contra de tu propia voluntad, y mucho antes de que yo entrara al juego. Siempre estuvieron esas otras, muchas otras cosas que prefiero no recordar, porque en mis múltiples duelos contra ellas nunca hubo un ganador claro. Y aún con el sudor y la peste de posible perdedor, estaría hoy, como todos los días, afirmándote con y sin palabras mi convicción de que tu eres para mi, si no me hubieras negado tu a mi tantas veces, muchas de las que ni siquiera me enteré, y otras en la que sí y que no quise enterarte a ti del dolor, mucho menos lograr que lo entendieras, porque para eso habría tenido que clavarte un alfiler en el corazón y nunca supe hacerte ni un poco de daño. Seguiría intentando estar bien, contra antecedentes y pronósticos, contigo, pero me di cuenta de que el compromiso del que como plaga huiste no es una “sentencia a cadena perpetua”, sino la declaración de la voluntad y el esfuerzo para intentar estar mejor cada día, y que tu no quieres eso. Y sin eso, se evaporan las metas, se escapan las ilusiones. Y sin ilusión yo no quiero estar con nadie. Viendo como se muere un hada porque dices que no crees en ella. Que no crees en el amor. Que no tiene caso. Que todo se acaba. Mejor irme con esta magia moribunda que me queda a otro lugar, en el que pueda revivirla, aplaudiéndole y gritando que creo en ella, y que creo en todo lo que soy y lo que pido, porque sé que me lo merezco. Si nunca pude ser mas importante, como para motivar una decisión segura y tajante, que la duda, que la búsqueda de mil noches de alcohol y la expectativa por el saboreo indiscriminado y sin reproches de labios y caricias de extraños, entonces estoy mejor sin ti. Si di mas de lo que hubieras querido recibir, me disculpo, una vez más, por mi entusiasmo. Y si mi devoción de cada día no te convirtió en creyente, no sé qué lo hará. Pero no voy a ser yo. Así pues, no hay explicaciones amables. Mi corazón está roto. Mi cabeza, también. Abandono, finalmente, y con dolor, esta cruzada…

2. NOSTALGIA / AÑORANZA

Y nos despedimos. Y no te fuiste, pero tampoco estás. Y te extraño. Desde que el primer rayo de sol se cuela por las persianas mal acomodadas de mi ventana. Porque puedo casi ver tu espalda parcialmente cubierta por mis sábanas azul marino, como aquellas veces en que fuiste mi huésped recurrente y el espacio de mi cama y tu presencia bastaban para construir el edén en un segundo piso. Te extraño cuando entro en la regadera, porque alguna vez creamos un diluvio ahí dentro y no hacía falta nadie más en nuestra arca, porque tu y yo solos podíamos encontrarle el sentido completo al mundo. Te extraño cuando escucho hablar a mi madre de sus deberes y cotidianeidades, sobre todo, cuando se acuerda de ti y pregunta donde quedaste y pienso en lo poco, muy poco, que me faltaba para confesarle a ella lo que tu eras para mi. Te extraño cuando me miro al espejo y me veo bien o mal, porque cuando me veo bien quisiera que tu pudieras verme y cuando me veo mal siento que mi cansancio no sería tan evidente, que mis facciones no se hubieran doblegado, si estuvieras aún conmigo. Te extraño cuando canto solitario una canción, porque solo eres tu en todo el mundo a quien le he cantado canciones sin mas música que la de tu risa de ternura ante mis impericias y desafinaciones. Te extraño cuando pienso en el futuro, porque yo tenía reservado un lugar para ti en cada uno de mis logros y celebraciones, y ahora sé que solo quedará una silla vacía con tu nombre junto a la mía, clamando tu presencia. Te extraño a la hora de dormir, porque sin ti estoy descobijado y con frío y no logro conciliar el sueño; la simple idea de estar contigo me acurrucaba cada noche y en mis sueños siempre te me aparecías. Ahora hasta de ellos te fuiste, y no duermo tranquilo por buscarte entre uno y otro delirio, y nunca te encuentro. Te extraño cuando uso mis manos, porque recuerdo que una vez las usé para tocar todo tu cuerpo y acercarte lo más que alguien ha podido estar cerca de mi, hasta casi contradecir las leyes físicas: dos cuerpos si pueden ocupar el mismo lugar en el espacio. Te extraño cuando salgo a la calle porque el único camino que conozco y que quisiera recorrer es el que me lleva a tu casa y ahora está cerrado y sin esa vereda pierdo el rumbo. Te extraño cuando estoy bien, porque ya no puedo acudir a ti y desbordar el gozo en una fuente de palabras y gestos de emoción. Te extraño cuando estoy mal, porque ya no estás ahí para escucharme y abrigarme con el manto de tu consuelo. Te extraño porque solo juntos éramos capaces de convertir una vuelta común por tu colonia en un emocionante viaje a una tierra desconocida, aunque familiar. Solo contigo fui capaz de transformar un pic-nic nocturno en un parque en una cena romántica a la luz de la luna. De hacer en una larga estancia en un coche lo que se hace en una noche de hospedaje en un motel. De construir en un pequeño cuarto de hotel todo un hogar. De tornar despedidas en lunas de miel. Te extraño cuando pienso y escribo sobre cualquier cosa, tanto que siempre termino pensando y escribiendo sobre ti. Todo da vueltas estos días. Se mezcla lo dulce y lo agrio. Todo sabe y se siente distinto. Me flaquea un poco la fuerza. Es que te extraño…

3. TERNURA / ACEPTACIÓN

Y luego, comienzo a entrar en razón. Aunque mis ojos se posen en una herida abierta y punzante que sangra esperanzas sin cumplir. Aunque mi lesión se hinche por la desilusión. Aún así no puedo evitar darme cuenta. Las lágrimas que llegan accidentalmente hasta la comisura de mis labios no son todas saladas. Encuentro en ellas la dulzura de aquellos momentos. La fortaleza que le inyectabas con un solo beso a mi espíritu y que lo hacían cantar a el y a mi boca de alegría. El ímpetu que nos invadía como una ráfaga de viento al estar juntos y nos hacía sentir como niños y hasta ser capaces de comportarnos cual infantes en un campo de juegos (siempre sentí que eramos como amigos de kinder perdidos y reencontrados). El deseo de compartírtelo todo poco a poco. La música. El cine. Un pensamiento. Una vida. La temblorosa comodidad que nos provocaba la capacidad de amoldar nuestros cuerpos lentamente, el de uno al del otro. La hormigueante exaltación del corazón tuyo y el mío al tocarnos la piel, y a veces, sentir que llegábamos hasta lo que está mas allá. Mi victorioso logro: besar cada parte de tu cuerpo. El embelesamiento en los sentidos al ver tu cara frente a la mía, al visualizar tu desnudez y luego sentirla. El delirio de magnanimidad y poderío, porque cuando te abrazaba por la espalda y mirábamos ambos al frente, sentía que tu y yo, atraídos como imanes, construíamos un imperio que podía contra las fuerzas del mundo. La inocente calidez de un beso en la frente, en la mejilla. La inexorable y hermosa efervescencia de un beso en los labios y mas adentro. La eufórica convicción que engrandecía mis pulmones cada vez que te dije con palabras, miradas o susurros que te quiero. La vigorosa complicidad de nuestras frases secretas y juegos. La paz que henchía a mi espíritu en tu compañía. Si, mis lágrimas son, casi todas, dulces. Y ahora conozco su utilidad. Las verteré en mi herida, como un elixir, emanado por la fuente que, cerca de mis ojos, quizá detrás, contiene esos mil recuerdos de infinito gozo y belleza. Me recitaré, también (al fin sigo creyendo en la magia) un centenar de encantamientos curativos, que hablarán de lo mucho que te quiero. De lo mucho que tengo por dar. De las tantas razones que hay para sanar. Líneas que estimularán mi regeneración, evocando el recuerdo de lo bello que vivimos. El conocimiento de jamás haber llegado a los lugares oscuros a los que muchos se internan. Nunca haber pisado la rutina y el hartazgo, ni vivido las cosas malas que pasan. Porque aunque decidimos separarnos, no ha sido por no querer estar juntos. Ni por aburrirnos de nuestras esencias. Tus besos siempre fueron extraordinarios, nunca algo común. Y aunque llegamos a conocernos bien, siempre quise seguir explorándote y dejando que me exploraras, cada vez más profundamente. Y cuando hicimos el amor nunca hubo una vez en la que hubiera preferido hacer otra cosa que no fuera jugar al vaivén de la marea contigo. Sé que si mi corazón te eligió, no cometió error alguno. Si el final siempre duele, lo que se queda engrandece. Y tú me has hecho alguien mejor. Soy un hombre mas feliz, hasta en los momentos de mayor tristeza y vulnerabilidad. Poco a poco avanzo en mi camino hacia el aprendizaje y la plenitud. Tu me elevaste algunos escalones. Y si mis ojos ahora se posan sobre el flagelo que ejecuta una ruptura, serán estas lágrimas de gozo las que me harán sanar y retoñar. Sanaré con la misma fuerza que emite el sentimiento aún vivo y palpitante de todo lo quise darte y todo lo que te amé. Sanaré, también, con la esperanza de encontrar un amor que me colme de otros mil instantes. De esos momentos de sublime y enriquecedora perfección. De esos momentos como los que me diste tu. Y a ti es a quien dedico, humildemente, con mi más profundo amor y entendimiento, esta pequeña reverencia. Un beso en la mano. Una última mirada. Fue un placer...